Tierra Adentro

Imagen por César Chávez.

En el centro de la ciudad hay una galería de nombre La Chicatana. Las chicatanas son hormigas voladoras que nacen durante la época de lluvias y que se comen en salsas Este espacio surgió en el 2011 para difundir a artistas emergentes de distintas disciplinas, justo después de los acontecimientos sociales del 2006. En esa época, muchos artistas callejeros protestaban clandestinamente en los muros de la capital. Después surgieron colectivos como ASARO, Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca, y luego centros culturales como el Espacio Zapata, donde podían mostrar su obra. También buscaban la oportunidad de exponer arte no convencional: grabado, esténcil, grafiti, alejado de las galerías y lo que se consideraba arte oaxaqueño.

César Chávez dirige actualmente La Chicatana. César es artista plástico, se dedica sobre todo al grabado, una técnica de impresión muy noble porque resulta fácil de difundir y por ello constituye, en cierto sentido, un arte democrático. César se considera heredero de lo que llama la generación del IAGO, ya que gracias a esta institución el grabado adquirió relevancia en la capital. El Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca fue fundado por el pintor Francisco Toledo en 1988,cuenta con una biblioteca especializada en gráfica, única en Latinoamérica; el cineclub El Pochote —el primer sitio de esta ciudad donde empezaron a proyectar cine de arte— el Centro Fotográfico Álvarez Bravo y la Fonoteca Eduardo Mata.

El 9 de mayo se expuso en La Chicatana Pájaros, una serie de acuarelas de Gustavo Mora, artista plástico mexicano que reside actualmente en California. En Pájaros predominan los colores oscuros y contrastantes, incluso da la impresión de que esos animales no se encuentran vivos sino muertos y han sido retratados durante su último vuelo. No son dibujos realistas sino figurativos, personales, casi manchas sobre el papel, como tampoco lo son los grabados de César Chávez, característicos por albergar una fauna monstruosa, una serie de visiones esperpénticas sobre la condición humana. Aquí también ha expuesto recientemente Pavel Acevedo, artista oaxaqueño que vive en Riverside y que hace retratos increíbles, retratos a veces monumentales y grotescos. La belleza en ellos es siniestra, un puente que también define lo que consideramos real. Pavel trabaja entre la gráfica impresa y el dibujo, le interesa llevar el rostro por diversas técnicas gráficas para afectar su representación tradicional, para desconfigurarlo o deconstruirlo.

El más reciente trabajo de César se llama Refugios, banquetes y otras perversiones. El título hace referencia a Secreciones, excreciones y desatinos, del fenomenal escritor brasileño Rubem Fonseca, y a Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones de Charles Bukowski. Sus grabados retratan esa misma violencia explorada por los escritores y por el arte en general, mostrando que al centro de todas las acciones humanas se encuentra una naturaleza destructiva, una grieta donde en ocasiones caemos.

Sus personajes se sientan a disfrutar de ese festín maquiavélico, un banquete donde además se devoran a sí mismos, como en el cuento “La carne” de Virgilio Piñera. No obstante, en el mismo terreno destructivo que los hace seres sin espíritu encuentran algo más: el territorio del goce, de los sentidos y placeres, pues esa vorágine ofrece también un poco de libertad. En los personajes de César persiste esa búsqueda voraz, un intento por satisfacer los deseos más elementales y alimentar al monstruo, dejarse arrastrar y seducir por su encanto.

Todo arte es político. Se trata de violentar la materia para crear algo hermoso, de deconstruir el espacio y develar otro mundo, al menos como posibilidad. Hay en él un ejercicio básico del intelecto y del espíritu: decir sí o no es ya elegir una postura, aclararse un panorama. En Oaxaca, esa voluntad sigue siendo motor de lo artístico, acaso por su inmediatez, acaso por su historia o porque si algo caracteriza a este sitio es su diversidad cultural, el hervidero de identidades y formas de traducir la realidad.

La Chicatana y otros proyectos culturales de esta ciudad intentan hacer accesibles diferentes discursos artísticos, que no son otra cosa sino opiniones en torno a los asuntos más elementales como la naturaleza, el deseo, la inconfundible otredad, las identidades contradictorias y el amor. César Chávez me dice que su propósito es generar movimiento y democratizar el territorio artístico, reapropiarlo, o mejor dicho, expropiarlo. Resulta complicado para la gráfica competir con un mercado que pide estéticas ya conocidas, derivadas, por supuesto, de los estilos de los grandes pintores oaxaqueños.  En todos los ámbitos, vemos cómo surgen proyectos independientes: editoriales, proyectos cinematográficos, espacios de exhibición y de creación, revistas, encuentros. Quizás esta sea una característica latente en la vida cultural de Oaxaca, una forma de expresar las opiniones y redirigir la mirada hacia las cosas que se dan por hecho, con un propósito de cambio o por lo menos de interacción. El sentido, supongo, se encuentra en aquella vieja enseñanza que promueve vivir lo colectivo, derribar las barreras que impone el individualismo atroz.

 

 

Aquí una pequeña muestra de los artistas Pavel Acevedo y César Chávez.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.
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