Tierra Adentro

La lectura de Enrique Vila-Matas suele ser fascinante pero también abrumadora, te coloca con facilidad en sus terrenos, hace que lo acompañes en el viaje pero no permite que seas simplemente un lector pasivo. Viajar con el catalán a través de sus libros, hace que termines por contraer sus mismos males y manías. No te permite salir indemne y provoca que te sumerjas en una larga digresión.

Vila-Matas tiene la habilidad para provocarte grandes monólogos interiores a propósito de los temas más excéntricos, desde la extrañeza por uno mismo, el deseo irrefrenable de hacerte pasar por otra persona o la pérdida de la habilidad para comunicarte con la gente. En su más reciente novela tira por el arte contemporáneo; en Kassel no invita a la lógica (Seix Barral, 2014) un escritor es invitado a participar en la mítica Documenta –edición 2012- y ser él mismo una especie de instalación-performance a lo largo de una semana en un restaurante chino.

Durante esos días, el narrador —alter ego de Vila-Matas— se topa con una serie de obras de vanguardia que lo hacen naufrago en un mar de enigmas. Por si fuera poco, también se siente ajeno a la ciudad y al modo de pensar de las intelectuales que organizan el evento. Una vez más, para el escritor la vida transcurre entre una abrumadora capa de misterios, una seguidilla interminable de preguntas y una estela larguísima de sinsentidos que sólo un orden velado logra concatenar.

Acompaño la lectura con Ghost Culture —nombre de artista y disco— que resultan absolutamente vilamatianos. ¿Cómo es posible concebir una cultura fantasma en la era afterpop? ¿Habitamos en una cultura fantasma sin que nos demos cuenta de ello? ¿Escuchar esta música nos convierte en fantasmas de la época?

Ghost Culture (Phantasy Sound, 2015) es un disco de música electrónica y pop avanzando que, mientras transcurre, siembra más interrogantes que las respuestas que ofrece. Se trata del debut del joven inglés James Greenwood, quien también colaboró en un álbum de electrónica muy aclamado: Drone Logic de Daniel Avery, un disco intenso, crepitante e indudablemente más abstracto de lo que Greenwood hace, pues en él toma distancia al recurrir a temas que tienen letra.

«Mouth», el tema inicial, arranca sin prisa para ir lanzando el anzuelo; el objetivo es también provocar una experiencia estética que no se entregue del todo a las primeras de cambio. Casi a los dos minutos estalla y deja su calidad de intro para llevarnos hacia parajes de tech house —que en Alemania ha sido llevado muy alto—. Desde Kassel (Alemania), Vila Matas escribe: «esa condición posmoderna de lo sublime: el sentido de la propia infinitud ante una experiencia de lo desmesurado que apunta hacia lo que jamás aprehenderemos ni entenderemos».

La frase inquieta, descoloca… y fascina. ¡Le queda tan bien a Ghost Culture! Su música elegante, pero también posmoderna, ¿será que en verdad también busca lo sublime?

Pero su sonido no se desborda; se trata de una producción coherente y contenida. Me reservé hasta este punto el apuntar que se trata de un proyecto apoyado por Erol Alkan, un productor londinense que cuenta con una reputación enorme. Sus remixes para figurones como Daft Punk, Tame Impala y MGMT le han traído un estatus de privilegio y por ello ha dedicado parte de su trabajo profesional al lanzamiento de talento emergente, entre el que se cuenta el  neozelandés Connan Mockasin y su Forever Dolphin Love.

Alkan es un sibarita sonoro; un exquisito orfebre de la electrónica y ha orientado con sapiencia a un debutante para que lograra un primer disco contundente. Aunque él ya tenía habilidades para producir cortes instrumentales —como en el caso de Avery—, acá la tarea complicada consistió en resolver la parte de las letras. Para ello recurrió a una buena amiga. Un proceso que el propio James recupera al atender a la prensa europea: «Esta etapa fue bastante difícil porque en el momento de escribir toda la música, también había escrito melodías. Esto significaba que teníamos que sentarnos a repensar las letras de cada frase silábicamente, por lo que tuvimos que reescribirlas entre los dos. Algo que resultó muy difícil, pero ella me ayudó con todo eso y ahora pienso que no podría haberlo hecho sin su ayuda. Como es una buena amiga, los temas líricos se discutieron con facilidad y fluidez, lo que ha permitido un flujo creativo bastante libre».

Los 10 temas que lo constituyen comenzaron siendo compuestos en la intimidad de una habitación familiar y surgieron a partir de un pedal de efectos, secuenciador y sintetizador. Greenwood  pretendía mantener las cosas bajo su total control para que el proyecto no se desbordara en ningún momento. Erol sumó su experiencia para afinar el sonido ya en el estudio y poner punto final a la producción. Y al dejar correr, por ejemplo, «Giudecca» y «Arms» constatamos que es música atrapante al 100%.

Ghost Culture es una primera entrega que subyuga por sí misma, pero si alguien pide referencias, habremos de citar a Caribou, pero sobre todo el Trick de Kele Okereke «por la mezcla de electrónica y partes vocales». Lo interesante son los contrastes entre piezas; en un momento queremos bailar y en otras tirarnos hacia la introspección (¿o ambas cosas?).

En Ghost Culture, el creador, hallamos misterio y euforia por igual (¿acaso otro desplante posmoderno?). Enrique Vila-Matas encuentra que vida y arte se entreverán una y otra vez. Un disco se regodea en la parte emocional mientras un escritor va zurciendo todo tipo de conexiones azarosas y estimulantes: «Me parecía claro que la palabra vanguardia causaba problemas serios a la muy poblada y cosmopolita colonia de fantasmas de Kassel». El mundo está lleno de fantasmas.


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
Secretaría de Cultura